Debo haberme asomado unas diez veces por la ventana del cuarto para mirarla, ahí está, impávida, tranquila, paciente. Está estacionada en la puerta de casa...esperando que me cambie y salga a buscarla. No tardo mucho...mis sandalias de tiras finitas como si no tuviera nada en los pies, me gusta como ella me acaricia las plantas cuando manejo.
La vuelvo a espiar y me hace un guiño cómplice...mis shorts de jean gastados y una musculosa blanca.
Compañera de ruta...me levanto el pelo en una cola alta nada prolija, me hace ser mas yo que nunca cuando voy en ella.
Entro en la cabina y la puerta hace un suave click, me acomodo en el asiento apenas reclinado. La puesta en marcha vibra en mis oídos y la palanca de cambio se acomoda en mi mano ocupándola toda, casi como una caricia sensual.
Un cigarrillo tras otro en un vano intento de calmar mi ansiedad que, por el contrario, regresa como un bumerang para agitar mis latidos. El repiqueteo anula el ruido exterior subliminando el ronroneo inicial.
Un corto trayecto hasta encontrarte me da tiempo como para bajarme y esperarte apoyada en la puerta mientras mentalmente establezco por prioridades las cosas que te voy a proponer ahora...ya...dos minutos antes de besarte.
Y entonces libero mi lado más felino, mi costado más animal, entorno los párpados mientras te miro cínicamente caminar hacia mi.
Sé que ella se regodea obscena para disfrutar de un encuentro repetido pero que acordamos ambas como si fuera la primera vez...
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Como dice el título es la primera parte.
Anticipandome al Gaucho y su pregunta sobre las bondades de las sandalias de tiras finitas y los shorts de jean para salir a correr (Para los que no saben, es atleta muy constante y hecha mano a cualquier recurso para mejorar su rendimiento) Debo aclarar cuanto antes que estuvieron en manos (una vez más) de Laura, escritora visitante del blog, para los que no la habían leído con anterioridad pueden repasar sus pasos aqui o aqui...
Cabe destacar que por el momento no esta trabajando en sus blogs y que interrumpió su descanso literario para hechar mano a esta Land Rover que luego de una sesión fotográfica pedía a gritos un trato inusual. Es decir, alguien que vuele entre renglones como una paloma entregando fantasía y estilo propio.
Ya en la segunda parte volverán a estar en mis manos, no me extrañen... (No me extrañen significa que tienen que extrañarme mierdas!) Y terminaremos juntos de pulir este Land Rover, le sacaremos punta al lápiz y pasaremos entre renglones con la sutileza del 2 de Temperley aguantando un empate.









